Fe que se vuelve obra: San José de Catamayo agradeció dos años de servicio pastoral del presbítero Manuel Cabrera

Catamayo. No fue solo una conmemoración. Fue un alto en el camino para mirar, agradecer y renovar. Así vivió la comunidad de la Parroquia San José de Catamayo la jornada de acción de gracias por los dos años de servicio pastoral del presbítero Manuel Cabrera Jiménez, en una celebración donde la fe se expresó en gestos, palabras y comunidad.

La jornada se desarrolló a lo largo del día y dejó claro que el estilo pastoral vivido en estos años se ha construido desde la cercanía, la sencillez y el compromiso cotidiano.

La mañana: la comunidad que se reconoce

En horas de la mañana se compartió un desayuno fraterno con los grupos apostólicos, espacio sencillo donde se fortalecieron los lazos de amistad, se reconoció el servicio silencioso y se recordó que la Iglesia también se edifica alrededor de la mesa, escuchándose y acompañándose.

La noche: Eucaristía de acción de gracias

El momento central se vivió a las 19h00, con la Santa Eucaristía de acción de gracias, celebrada en el templo parroquial. La liturgia estuvo acompañada por una procesión interna del Santísimo Sacramento, que invitó al recogimiento y a la adoración, colocando a Cristo Eucaristía en el centro de la vida comunitaria.

Durante la celebración se realizó también la imposición del crisma, signo de la unción recibida en el bautismo y del compromiso permanente de vivir la fe con coherencia y testimonio.

Una homilía que interpeló a la comunidad

En su homilía, el presbítero Manuel Cabrera no habló desde el discurso, sino desde la experiencia. A la luz del Evangelio, recordó que “con la medida que midamos, seremos medidos”, invitando a cada fiel a revisar cómo ha vivido su fe en estos dos años: con amor, con palabras, con testimonio o con indiferencia.

Reiteró una frase que marcó la celebración y que ha sido constante en su ministerio:
“No por la fuerza ni la violencia es como el mundo cambiará; solo el amor nos salvará”.
Un llamado claro a comprender que el cristianismo no se impone, se propone con la vida.

Pidió oración por su ministerio, recordando que el servicio pastoral se sostiene en la intercesión mutua entre el pueblo y sus ministros, y exhortó a vivir una fe práctica, que se exprese en solidaridad concreta, especialmente con los seminaristas y con quienes se preparan para servir a la Iglesia.

Dos años de frutos visibles

A lo largo de estos dos años, la parroquia San José de Catamayo ha experimentado frutos que hoy se reconocen con gratitud:

  • Grupos apostólicos fortalecidos, con mayor participación y sentido de corresponsabilidad.

  • Vida litúrgica más consciente y cercana, con la Eucaristía como centro.

  • Fe que se traduce en obras, expresada en gestos solidarios y compromiso comunitario.

  • Unidad parroquial, entendida como familia que camina junta.

Estos logros, como se recordó durante la celebración, son fruto del trabajo compartido entre Dios, la comunidad y quienes sirven con generosidad.

Cena comunitaria y caminar compartido

Al finalizar la Eucaristía, la comunidad compartió una cena fraterna, en la que se celebraron los dos años de servicio pastoral del presbítero Manuel Cabrera y el aniversario de la formación de la comunidad Juan XXIII, signo de una parroquia viva y en constante crecimiento.

La jornada concluyó con un sentimiento común: gratitud y esperanza. Gratitud por lo vivido y esperanza en seguir construyendo una parroquia donde la fe no se quede en palabras, sino que se haga obra cada día.

📌 Parroquia San José de Catamayo
Una comunidad que cree, celebra y sirve.